Hoy en día podemos hablar de liderazgo como una cualidad única en pocas personas, podemos atribuírsela a personas con ciertas características. Muchas veces hemos pensado que el líder es aquel que va en el camino dando órdenes y dirigiendo con total supremacía sobre el resto. Hemos llegado a venerar a los líderes, haciéndolo más por el miedo que por el respeto que nos puedan inspirar. Por consiguiente, ¿serán estos verdaderos líderes?, ¿qué significa liderazgo para nosotros? Para hablar de un auténtico liderazgo necesitamos salir de los paradigmas que se han creado en la sociedad y aterrizar a lo que realmente es.

Durante mucho tiempo, se ha creído que el líder es aquel que es atendido, adorado y servido por todos aquellos que le rodean y están bajo su mando. Sin embargo, el líder es el primer servidor de todos ellos. Se puede analizar un auténtico liderazgo en dos dimensiones.

La primera área de un líder se halla en su corazón. ¿El líder sirve al resto o es servido por los demás? ¿El líder es orgulloso o humilde? ¿Qué hay en el corazón de un auténtico líder? En el corazón del líder se tornan grandes batallas. Arduas contiendas contra el orgullo, auto alabanza, auto protección, aquellos defectos que lo alejan del servicio de su propio equipo. Todas estas falencias permiten que quien está a la cabeza se compare con otros y nunca logre ser feliz o distorsione la verdad en una falsa sensación de seguridad. Aquella persona que se rinde a seguir viviendo con estas máscaras, ha dado un gran paso para ejercer algún tipo de liderazgo.

La segunda instancia de un líder se encuentra en su cabeza. ¿Se podrá liderar sin una clara visión de las cosas? ¿Un auténtico líder conoce su rol a la perfección? El cuerpo no avanza si es que la cabeza no actúa en primer lugar. Un auténtico líder tiene un panorama más claro sobre la dirección del cuerpo, puede avizorar lo necesario para que él y el grupo humano que lo rodea puedan dar pasos seguros. Un auténtico líder no avanza si es que los que lo secundan están imposibilitados de avanzar tan rápido como él avanza. Él procura dar pasos al unísono, sabe que la cabeza no se puede despegar del cuerpo.
¿Habrá personas que puedan ejercer un liderazgo parecido al expuesto? Todos tienen la capacidad de servir al resto y convertirse en los líderes que nuestra sociedad necesita. Decidir hacerlo sólo requiere de voluntad. El líder que no sirve a otros, no sirve.